Blog personal donde intentaré transmitir la fuerza de mi fe, aquella que me sostiene e impulsa a ser quien soy. Espero sirva además para contagiar la alegría del conocimiento del Evangelio de Jesucristo, las buenas nuevas de resurrección y vida eterna.

“La fe firme se convierte en un ancla segura para nuestra vida. Una fe firme en un Dios personal, iluminará nuestro camino como si fuera el faro del Señor”.

“Guíense por el faro del Señor; no hay niebla lo suficientemente densa, ni noche tan oscura, ni vendaval lo bastante fuerte, ni marinero tan perdido que Su luz no pueda rescatar.”

Pte. Thomas S. Monson.

“Aprende de mí y escucha mis palabras;

camina en la mansedumbre de mi Espíritu,

y en mí tendrás paz”. D. y C 19:23

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Los números de 2011

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.600 veces en 2011. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 43 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Arte y Evangelio

Muchas veces hemos escuchado la frase: “Una imagen vale más que mil palabras”.
¿Te animas a poner palabras a las imágenes? ¿Puedes sugerir escrituras para cada una?
Puedes hacer todos los comentarios que desees. Siempre serás bienvenido.

Guía, consuelo, respuestas…

Leyendo y meditando sobre un problema que estamos viviendo en estos días, encontré estos versículos. El Espíritu me dice que he actuado bien y que el Señor no me abandonará. Sé que son una respuesta a mis oraciones y una promesa que puedo ver realizada algún día. Así sea.

D y C 112:9 Tu voz será un reproche al transgresor; y ante tu reprensión cese la perversidad de la lengua del calumniador.

10 Sé humilde; y el Señor tu Dios te llevará de la mano y dará respuesta a tus oraciones.

11 Conozco tu corazón y he oído tus oraciones concernientes a tus hermanos. No seas parcial con ellos, amándolos más que a muchos otros, antes sea tu amor por ellos como por ti mismo; y abunde tu amor por todos los hombres y por todos los que aman mi nombre.

13 Y después de sus tentaciones y de mucha tribulación, he aquí, yo, el Señor, los buscaré; y si no se obstina su corazón ni se endurece su cerviz en contra de mí, serán convertidos y yo los sanaré.

A Cristo Crucificado

No me mueve, mi Dios, para quererte
El cielo que me tienes prometido;
Ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar, por eso, de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
Clavado en una cruz y escarnecido;
Muéveme ver tu cuerpo tan herido;
Muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
Que aunque no hubiera cielo te amara
Y aunque no hubiera infierno te temiera.

No tienes que me dar porque te quiera;
Pues aunque cuanto espero no esperara,
Lo mismo que te quiero te quisiera.

Autor Anónimo
Poema del Siglo XV

Este mensaje lo escribí en marzo de 2008 y lo. pronuncié el domingo 16 de ese mes en un discurso en la capilla del Barrio Santa Lucía, Canelones.  Nuestra situación ha cambiado, sin embargo el mensaje es el mismo. Aquí lo comparto para recordarles y recordame que los convenios son sagrados y Su palabra es inmutable.

“”A causa de la afección de columna de mi esposo, últimamente ha pasado muchas horas mirando videos, leyendo y viendo los informativos de televisión para pasar el tiempo. Hace algunos días atrás discutió con uno de mis hijos porque éste quería escuchar música y no lo dejaba a él ver el informativo. Un par de días más tarde le dijo: “tenés razón, es preferible escuchar música o hacer cualquier otra cosa antes que ver los horrores que vemos en las noticias”. Cada día vemos que suceden cosas espantosas, los hombres cometen las atrocidades más inimaginables. Todos los días se escucha acerca de dolor, sufrimiento, tristezas y cosas por el estilo.

En las escrituras podemos leer que todo lo que está sucediendo ya fue profetizado por los enviados del Señor. El profeta Mormón escribió: “Sí, sucederá en un día en que se oirá de fuegos, y tempestades, y vapores de humo en países extranjeros; y también se oirá de guerras y rumores de guerras y terremotos en diversos lugares. Sí, sucederá en un día en que habrá grandes contaminaciones sobre la superficie de la tierra: habrá asesinatos, y robos, y mentiras, y engaños, y fornicaciones, y toda clase de abominaciones…” (Mormón 8:29-31).

Sin embargo los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no debemos sentir temor, ni miedo, ni preocupación. En la Liahona de la conferencia de octubre del año pasado, el Élder Dieter F. Uchtdorf cuenta que cuando era niño, durante la Segunda Guerra Mundial, vivió momentos realmente muy duros. Su padre estaba en el ejército y él y su madre se comprometieron a que si debían separarse se reunirían en el pueblo natal de sus abuelos. El viaje se hizo largo y durante muchos días la madre y los niños viajaron rumbo a la casa de sus abuelos. El padre regresó ileso, pero la estaban pasando muy mal. Fue entonces cuando conocieron La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y todo empezó a cambiar desde entonces. El mundo no cambió pero la familia Uchtdorf sí cambió. Ahora había alguien con ellos que les ayudaría a soportar las pesadas cargas de la vida.

Dice el Elder Uchtdorf: “Dondequiera que vivan en la tierra, y cualquiera que sea la situación en la que vivan, les testifico que el Evangelio de Jesucristo tiene el poder divino de elevarles a grandes alturas desde lo que a veces parece ser una carga o debilidad insoportables. El Señor está al tanto de sus circunstancias y sus tribulaciones.”

Y ¿qué es el Evangelio de Jesucristo? Tenemos la mejor definición. Evangelio es un vocablo griego que significa “buenas nuevas”. Y esas buenas noticias son que la expiación de Jesucristo redimirá a todo el género humano de la muerte y se recompensará a toda persona de acuerdo con sus propias obras, y así llevar a cabo la inmortalidad y vida eterna del hombre. Los elementos fundamentales del Evangelio se pueden leer claramente en los cuatro primeros Artículos de Fe y son:

Primero, fe en el Señor Jesucristo.

Segundo, arrepentimiento y cambio en el modo de pensar.

Tercero, el bautismo por inmersión para remisión de los pecados.

Cuarto, imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo.

Pero si bien todo esto es importante no es suficiente para recibir las bendiciones eternas del Evangelio; debemos perseverar hasta el fin. Nos recuerda el Élder Uchtdorf: “y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna que es el mayor de todos los dones de Dios.”(D. y C. 14:7). Cuenta que cuando era niño, pensaba que perseverar hasta el fin era mantenerse despierto hasta el fin de la reunión sacramental. Cuando fue un joven observó a los ancianos de la iglesia y vio que para ellos perseverar hasta el fin era tratar de llegar dignos y firmes hasta el final de sus días en la tierra.

Y perseverar hasta el fin no significa ver transcurrir la vida pasivamente, sin hacer nada. Dice él que “la nuestra es una religión activa que ayuda los hijos de Dios a lo largo del camino estrecho y angosto a lograr su pleno potencial durante esta vida y regresar a Él algún día…La nuestra es una religión llena de gozo, de esperanza, fortaleza y liberación.”

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días nos caracterizamos por tener siempre una sonrisa en el rostro. No importa las circunstancias que nos toque vivir siempre estamos felices. Hace poco más de un año, cuando mi padre atravesaba una dura enfermedad, yo debía traerle un tubo de oxígeno, un par de veces a la semana, para que tuviera para vivir un tiempo más. El tubo pesaba 75kg vacío y llevaba una carga de 150kg más del precioso gas. Yo lo subía a un carro que un vecino me prestaba y lo arrastraba vacío algunas cuadras hasta la policlínica y de allí cargado hasta mi casa. Recordé varias veces a mi profesora de Geografía del liceo. Ella nos había enseñado que el verano y el invierno son las dos estaciones más lluviosas en el Uruguay. Y entonces deseaba que mi padre no se hubiera enfermado en verano, porque cada vez que tenía que cargar el tubo la noche anterior había llovido copiosamente y las ruedas del carro se enterraban en el barro. Las vecinas me saludaban con preocupación y con lástima y yo oía que decían “ayy, pobre”. Pero yo les respondía siempre un “Buen día, qué tal?” con una sonrisa enorme. Y juro que no era fingida, sino por el contrario era muy sincera. En mi corazón agradecía secretamente las bendiciones que nuestro Padre Celestial me daba, por poder tener buenas piernas y fuertes brazos para ayudar a mi padre en su sufrir. Mi corazón lleno de la paz de Jesucristo, rebozaba  de gozo por el servicio. Y como dice el refrán “la caridad bien entendida empieza por casa” y que mejor servicio que el socorrer a mi propio padre. Eso se llama vivir el Evangelio. La felicidad es vivir nuestra religión.

Acerca de esto encontré un texto hermoso en el manual del Presidente Brigham Young. Dice así: “¿Dónde está la felicidad, la verdadera felicidad? En ningún lugar sino en Dios. Al poseer el espíritu de nuestra santa religión somos felices por la mañana, felices al mediodía y felices por la tarde; porque el espíritu del amor y de la unión está en nosotros y nos regocijamos en el espíritu porque es de Dios, y nos regocijamos en Dios porque Él es quien nos da todas las cosas buenas. Todo Santo de los Últimos Días que haya experimentado el amor de Dios en su corazón después de haber recibido la remisión de sus pecados mediante el bautismo y la imposición de manos, comprende que en sí mismo abunda el gozo, la felicidad y el consuelo. Podría si fuese necesario, estar sufriendo, encontrarse en el error, en la pobreza o en la prisión, pero aún así se regocija””Hay una sola forma por la que los Santos de los Últimos Días pueden ser felices y consiste en simplemente vivir su religión, o en otras palabras, creer en cada parte del Evangelio de Jesucristo, obedecer con íntegro propósito de corazón el Evangelio de libertad, el cual en verdad nos hace libres.”

Hace algunos días atrás, el Hermano Camacho, mientras nos preparaba a mi esposo y a mí para recibir nuestra investidura y el sellamiento en el Templo nos enseñó que somos conocidos como el “pueblo del convenio” y yo me atrevo a agregar que también somos “el pueblo feliz”. Esa sonrisa que nos caracteriza es la sonrisa que Jesucristo imprime en nuestro rostro cuando somos fieles, dignos y observamos sus mandamientos. Es por eso que aunque mi esposo no puede caminar y le aquejan terribles dolores, el próximo viernes asistiremos juntos al templo para hacer nuevos convenios. Aunque tenga que ser en silla de ruedas mi esposo irá y podremos recibir la promesa de que si somos perseverantes hasta el fin podremos tener nuestra familia eterna.

Somos un pueblo de convenios y promesas, y Jesucristo, quien es cabeza de esta iglesia y la dirige con amor, nos ha dado su Evangelio para que tengamos éxito. Nos ha prometido cosas tan hermosas como la siguiente: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28) “Porque los montes desaparecerán y los collados serán quitados, pero mi bondad no se apartará de ti…” (3Nefi 22:10) “y con misericordia eterna tendré compasión de ti, dice el Señor tu Redentor” (3Nefi 22:8). Y como si todas estas palabras no fueran suficientes también leemos: “Aprende de mí y escucha mis palabras, camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz.” (D. y C.19:23). “Ora siempre, y derramaré mi Espíritu sobre ti, y grande será tu bendición, sí, más grande que si lograras los tesoros de la tierra…”(D. y C.19:38). “He aquí, ¿puedes leer esto sin regocijarte y sin que se exalte tu corazón de alegría? (D. y C.19:39).

Yo se que ustedes al igual que yo se regocijan al leer estas escrituras tan alentadoras y se que vuestro corazón como el mío se exalta con palabras tan hermosas. Lean y podrán sentir cómo la sola lectura de estas escrituras es suficiente motivo para regocijarnos.

Comparto este testimonio, en el sagrado nombre de nuestro Salvador y Redentor, nuestro Señor Jesucristo. Amén.””

El Señor me ha dado el honor de compartir esta vida terrenal con los seres más iluminados que cualquier madre pueda soñar. Tengo el gozo de guiar y enseñar a dos ángeles maravillosos que siempre me elevan de las profundidades más oscuras, en los momentos más negros de mi existir. Ellos son mi fortaleza, mi faro y mi puerto seguro. Con ellos comparto los segundos más felices y los más desgraciados. Y con ellos río a carcajadas y son ellos quienes enjugan mis lágrimas y me devuelven la paz.

He recibido la promesa de que este honor y gozo podrá ser para la vida eterna, en la medida de mi fidelidad. Por eso, ruego cada día, con mi corazón quebrantado y mi espíritu contrito, a Nuestro Padre Celestial que me de siempre la gracia de estar a su lado y tener la fuerza suficiente para estar a la altura de mi creación, para ser ejemplo, luz y guía de mis amados hijos. Porque es mi deber y mi bendición, y por todo ello estaré siempre en deuda y a la vez agradecida.

Gracias Iván; gracias Bryan.

 

Enseñanzas del presidente Spencer W. Kimball

Un glorioso milagro espera a toda alma que esté dispuesta a cambiar. El arrepentimiento y el perdón tornan la noche más tenebrosa en un día refulgente. Cuando las almas renacen, cuando se cambian vidas, entonces llega el gran milagro para embellecer e impartir calor y elevar. Cuando ha amenazado la muerte espiritual y en su lugar ahora hay revivificación, cuando la vida desaloja a la muerte, cuando eso sucede, es el milagro de milagros. Y estos milagros tan grandes jamás cesarán mientras haya una persona que aplique el poder redentor del Salvador, junto con sus propias buenas obras, para efectuar su renacimiento…

La esencia del milagro del perdón es que trae paz al alma previamente ansiosa, inquieta, frustrada y tal vez atormentada. En un mundo de tumultos y contiendas, esa paz ciertamente es un don de valor incalculable 3 .

No es fácil estar en paz en el mundo turbado que hoy conocemos. La paz, necesariamente, es una adquisición personal… sólo se puede lograr conservando continuamente una actitud de arrepentimiento, buscando el perdón de los pecados, tanto grandes como pequeños, y con ello aproximándose a Dios cada vez más. Para los miembros de la Iglesia, ésta es la esencia de su preparación, de estar listos para recibir al Salvador cuando Él venga… Habrá paz en el corazón de aquellos que estén preparados. Participarán de la bendición que el Salvador prometió a Sus Apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

[Uno de los propósitos] de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es llamar a la gente por doquier al arrepentimiento. Aquellos que presten atención, bien sean miembros de la Iglesia o no, podrán participar del milagro del perdón. Dios limpiará de sus ojos las lágrimas de angustia, de remordimiento, de consternación, de temor y de culpabilidad. Los ojos enjugados reemplazarán a los húmedos, y habrá sonrisas de satisfacción en lugar de miradas inquietas y ansiosas.

¡Qué alivio! ¡Qué consuelo! ¡Qué gozo! Los que se encuentran bajo la carga de transgresiones y aflicciones y pecados pueden ser perdonados, limpiados y purificados si se vuelven a su Señor, aprenden de Él y guardan Sus mandamientos. Y todos nosotros, que tenemos necesidad de arrepentirnos de las imprudencias y debilidades diarias, igualmente podemos participar en este milagro.

Prepararnos para

presentarnos ante Dios

Hace treinta y nueve años un misionero uruguayo y dos norteamericanos caminaban predicando puerta a puerta por las calles de Barros Blancos, hoy pueblo Gral Artigas, a cinco kilómetros de Pando. Pasaron de largo por mi casa, pero unos cuantos pasos después el uruguayo sintió que debía volver y llamar. Y no dudó un instante, volvió y llamó. Atendió mi madre, él le dejó un folleto que hablaba sobre José Smith y algunos días después volvieron y comenzaron las “charlas”. Toda mi familia aceptó bautizarse unas semanas después. La capilla de Pando funcionaba en una casona vieja y no tenía pileta bautismal, así que los bautismos se realizaban en el arroyo Pando. Mi padre, mi madre, mi hermano y mi hermana caminaron siete kilómetros y medio para ir a bautizarse. Llevaron un carrito de madera cargado de platos, comida, ropa blanca, toallas, un perrito negro, que era la mascota de la familia y a mí, que en ese entonces tenía cuatro años. No tengo muchos recuerdos de ese día, excepto que había mucha alegría alrededor, había mucha gente que no conocíamos y que luego de los bautismos se reunieron a comer todos juntos y gozaron de una hermandad y un sentimiento de fraternidad muy especial.

Hace tres años, durante el funeral de mi padre, el misionero que dejó el folleto a mi madre hacía tantos  años atrás, se presentó llevando su diario personal, y nos mostró lo que había escrito aquel día. Cómo había sentido un suave susurro del Espíritu que le hizo volver para golpear a la puerta de mi casa. Y cómo decidió obedecer y actuar. Hubiera podido hacer caso omiso de lo que sintió y todo hubiera sido distinto para mi familia y para otras personas. Pero afortunadamente, obedeció.

Un par de meses luego del fallecimiento de mi padre, mi sobrino me pidió si le regalábamos su Biblia. Antes de enviársela la revisé y encontré en las hojas de adelante que mi padre había anotado la palabra HAZLO. Lo mismo hizo en las últimas hojas, anotó la palabra HAZLO. No sabía a qué se debía, pero tiempo después estudiando las enseñanzas del Presidente Spencer W. Kimball comprendí lo que significaba. El Presidente Kimball tenía en su escritorio un letrerito que decía justamente “Hazlo”. Y ese fue el mensaje de toda su vida.  A todos enseñó que lo que más importa es el hacer.

Cuando fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, hizo cambiar la letra del himno “Soy un hijo de Dios”. El himno originalmente decía “Enséñenme lo que debo saber para que algún día yo con Él pueda vivir”. El Élder Kimball, le pidió a la autora que en lugar de la palabra “saber” dijera “hacer”. En español el himno dice “Enséñenme la senda a seguir para que algún día yo con Él pueda vivir”. Dijo el Presidente Kimball que “el saber no es suficiente: es preciso hacer. Dijo además que el Evangelio de Jesucristo es un estilo de vida y que se basa en la responsabilidad personal.

Y ¿cuál es esa responsabilidad personal?

Cuando éramos seres espirituales, Nuestro Padre Celestial nos propuso un plan y lo aceptamos. Y aún cuando carecemos del recuerdo de nuestra vida preterrenal, todos entendíamos el propósito para el cual estamos hoy aquí.

Si yo les preguntara a cada uno de ustedes si saben “para qué estamos aquí en la tierra”, seguro que me responderían que estamos aquí para progresar, para perfeccionarnos, para pulirnos, para llegar a ser como nuestro Jesucristo, nuestro maestro, etc. Sin embargo eso no es suficiente. Dice el Presidente Spencer W. Kimball que nuestra principal responsabilidad es prepararnos para presentarnos ante Dios. Debemos prepararnos para volver a estar en su presencia. Y eso implica mucho más que mejorarnos o perfeccionarnos, lo cual suena a veces ya de por sí, bastante difícil. Presentarnos ante Dios implica poder responderle cuánto hemos hecho en esta vida por nuestra familia, por nuestros hermanos, por nuestros amigos y demás familiares y por nosotros mismos. Cuánto hemos hecho, no cuánto hemos deseado hacer.

Vinimos a la tierra para algún día poder resucitar. Pero el milagro de la resurrección jamás lo podríamos realizar por nosotros mismos. Esa resurrección se ha puesto a nuestro alcance mediante el sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo, el creador de esta tierra, que llevó a cabo ese servicio incomparable para nuestro beneficio. Piensen por un momento si Jesucristo no hubiera sido obediente. ¿Qué hubiera pasado? ¿Verdad que no podemos imaginarlo? Jesucristo es el ejemplo perfecto de obediencia, sacrificio y voluntad. Y dice el Presidente Kimball que el Evangelio de Jesucristo es para nosotros como un mapa que nos marca el camino para regresar a nuestro Padre Celestial.

El Señor restauró Su reino en esta época, con todos sus dones, poderes y bendiciones. Cualquier otra religión que conozcan puede tal vez ayudarles en su progreso y proporcionarles cierto grado de paz, felicidad y bendiciones, y luego llevarlos hasta el velo y dejarlos ahí desamparados. La Iglesia de Jesucristo se encarga de ustedes de este lado del velo y, si viven sus mandamientos, los llevará a través de él como si ese velo no existiera, y los conduce a través de las eternidades hacia la exaltación”.

Todas estas promesas requieren varias cosas a saber:  el bautismo debidamente efectuado, recibir el Espíritu Santo por la imposición de manos autorizadas, los varones deben recibir la ordenación al sacerdocio de manos autorizadas, debemos ser investidos de lo alto y sellados en la casa del Señor, y se debe por supuesto llevar una vida de rectitud, limpieza, pureza y servicio. Nadie puede entrar en la vida eterna sino por la puerta correcta, a saber, Jesucristo y Sus mandamientos. Jesús perfeccionó Su vida y llegó a ser nuestro Cristo, nuestro Salvador. Pero el beneficio de la expiación no puede tener su pleno efecto en nosotros a menos que nos arrepintamos. Y pongamos manos a la obra. …El Señor no convertirá las buenas esperanzas, los deseos ni las intenciones de una persona en obras. Cada cual debe actuar, debe hacer eso por sí mismo…

Mi padre caminó 7 km para bautizarse, caminó algunos km más ser ordenado al sacerdocio, caminó un poco más para ayudar a construir una capilla y tal vez para ayudar a salvar algunas almas. Pero se detuvo, se inactivó y no caminó más. No perdió el mapa, pero no lo quiso seguir usando. Muchas cosas habrían sido diferentes si hubiera obedecido lo que él mismo escribió en su Biblia. Él fue un buen ejemplo de lo que no debemos hacer.

Me encantan las enseñanzas del presidente Kimball. Dijo:

El hombre es un dios en embrión y lleva dentro de sí la simiente de la deidad, por lo que puede si lo desea, elevarse a grandes alturas”. Lo sabemos, como sabemos tantas otras verdades acerca de nuestra naturaleza divina. Sólo falta lo esencial:  hacer. Ruego que nuestro Padre Celestial me den siempre la fuerza para hacer lo que debo para tener algún día la bendición de la vida eterna, junto a mis hijos, a mi esposo a mis seres queridos, y en especial junto a mi padre. Sé que Jesucristo vive, que puede escuchar nuestras oraciones y que siempre está dispuesto a ayudarnos a realizar todas aquellas cosas que son necesarias para alcanzar nuestro propósito divino.

Se que estas cosas son verdaderas, y las comparto en el nombre de Jesucristo, Amén.

2Nefi 4

18 Me veo circundado a causa de las tentaciones y pecados que tan fácilmente me asedian.

20 Mi Dios ha sido mi apoyo; él me ha guiado por entre mis aflicciones en el desierto; y me ha preservado sobre las aguas del gran mar.

21 Me ha llenado con su amor hasta consumir mi carne.

22 Ha confundido a mis enemigos hasta hacerlos temblar delante de mí.

30 ¡Regocíjate, oh mi corazón, y clama al Señor y dile: Oh Señor, te alabaré para siempre! Sí, mi alma se regocijará en ti, mi Dios, y la roca de mi salvación.

Ángeles del Señor

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Élder Christian Rosansky, futuro Élder Santiago Xavier, Élder Spencer Ashcraft, el día del bautismo del segundo, en la capilla del Barrio Santa Lucía. El tercero, Aschcraft, es de Alaska y por estos días debe estar sufriendo como loco el calor. Que le sirva de ejemplo, que si no se porta bien acá en la tierra, peor que este calor le espera en el infierno.

Rosansky termina su misión en Uruguay el 3 de diciembre y se vuelve a su Argentina natal. Si les hace creer que es gringo diciendo “io nou supernintendou nada” no se preocupen, a todos nos ha hecho lo mismo y todos hemos caído en el chiste.

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Élder Eric Mullis otro que también termina el 3 de diciembre y se vuelve a su país natal. Éste sí es gringo, de Indiana. Un amor, una ternura. Habla perfecto el español. Lo amamos como si fuera de la familia Ford.

¿No son lindos? Trabajan sin descanso en esta obra impresionante, el recogimiento del pueblo de Israel, y tienen tanta fe que logran bautizar gente como el “Santi”, que cuando lo vi la primera vez, pensé “a este que le va a importar nuestra religión”. Y qué bueno!, cómo me equivoqué… Ahora acompaña a los misioneros a recorrer Santa Lucía, acarreando ovejas al rebaño.

Los amamos a todos y cada vez que se van lloramos por la separación. Es lindo saber que existe gente como ellos y que puedan bendecir nuestras vidas como lo hacen. Gracias a todos!!!!

 

He diseñado esta diapositiva, con ayuda de Su inspiración, deseando que todos podamos reconocer que cada cosa a nuestro alrededor da testimonio de que Dios existe, y que por medio de Su Hijo, nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, todas las cosas han sido creadas.

La Primera Presidencia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al centro Presidente Thomas S. Monson, a la izquierda Primer Consejero, Presidente Henry B. Eyring, a la derecha Segundo Consejero, Presidente Dieter Uchtdorf. (feb.2008).

 

 

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El Templo Mormón de Montevideo Uruguay es el 103 º templo en funcionamiento de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Se sitúa sobre 1.59 hectáreas en Bolonia de 1722, Carrasco, Montevideo, Uruguay. El templo es de 10,700 pies cuadrados, con dos salas de ordenanzas y dos salas de sellamiento. El estilo arquitectónico es el clásico moderno con una única aguja coronada por una estatua del ángel Moroni, y el templo tiene un acabado de granito Asa Branca.

El templo se anunció el 2 de noviembre de 1998, y la primera palada tuvo lugar el 27 de abril de 1999. El templo fue dedicado el 18 de marzo de 2001 por el Profeta Gordon B. Hinckley con una asistencia de 6, 500 Santos de los Últimos Días.

El terreno para la construcción del templo fue adquirido por la Iglesia durante la década de 1960. También alberga dos oficinas de misión, un centro de distribución y las oficinas de la Iglesia. Élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, sirvió una misión en Uruguay cuando era joven. Él presidió la ceremonia de la palada inicial del templo. Él dijo: “Donde una vez serví como presidente del Distrito Montevideo, ahora veo muchas familias dignas, muchos misioneros, muchas estacas en el florecimiento de la obra. Estoy agradecido al Señor por lo que se hizo, es como la levadura para todo el país. Oro para que el Señor esté con ustedes en sus preparativos para disfrutar de las bendiciones del templo”.

La primera rama, una pequeña congregación de la Iglesia, se organizó en 1944, y desde entonces la Iglesia ha experimentado un crecimiento fenomenal. En el 2001, el país de Uruguay tenía 73,000 miembros y un templo mormón.

Durante la actividad de puertas abiertas cerca de 25,000 personas visitaron el Templo de Uruguay Montevideo. Muchos visitantes de otras religiones comentaron que: “Se sentía como si hubieran dejado este mundo, cuando entraron en el templo, que habían dejado sus preocupaciones y sus problemas”. Otros dijeron que “es el edificio más hermoso del país”.

Dirección Física:
Bolonia 1722
Carrasco
12500 Montevideo
URUGUAY
Uruguay

Dirección postal:
c/o Oficina Administrativa Sudamérica Sur
POUCH
Uruguay
Teléfono:   (598) 2-604-2212

(1) “Noticias de la Iglesia”, Liahona, julio de 2002, de 74
(2) El Norte, el 8 de agosto de 2000.
(3) “Oración dedicatoria: “Abre las ventanas de los cielos”, “Noticias de la Iglesia 11 de mayo 2002, 26 de junio 2005
(4) “Oración dedicatoria: “Abre las ventanas de los cielos”, ” Noticias de la Iglesia 11 de mayo 2002, 26 de junio 2005
(5) “Oración dedicatoria: “Abre las ventanas de los cielos”, “Noticias de la Iglesia 11 de mayo 2002, 26 de junio 2005

José Smith los escribió originalmente en una carta dirigida a John Wentworth, editor del periódico Chicago Democrat, en respuesta al deseo que éste expresó de saber lo que creían los miembros de la Iglesia. Ese documento llegó a conocerse como la Carta a Wentworth, y se publicó por primera vez en el periódico de la Iglesia Times and Seasons, en marzo de 1842. El 10 de octubre de 1880, por el voto de los miembros de la Iglesia, los Artículos de Fe se aceptaron formalmente como Escritura y pasaron a formar parte de la Perla de Gran Precio, uno de los cuatro libros canónicos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Los otros tres libros son La Biblia, El Libro de Mormón y Doctrina y Convenios.

Me gusta todo tipo de música. Los temas que comparto aquí, me los enseñó a disfrutar un amiguito de mis hijos. Si podemos entender las letras, comprenderemos que hay jóvenes preocupados por los problemas que el mundo no sabe cómo resolver. Bueno, si no entendés inglés pedile a algún gringo que te ayude a traducir.

http://www.box.net/shared/ae4ztnhqci

Mensaje sobre Jesucristo


 
Mucho se ha escrito sobre la vida de Jesucristo. Muchos profetas, tanto de oriente como de occidente, declararon por igual, que el Hijo de Dios nacería en la carne.Profetas como Lehi, Nefi, Samuel el lamanita y otros, escribieron acerca del día de su nacimiento, de su bautismo, de su ministerio, de su muerte y de su resurrección. 

Acerca de su nacimiento el Élder James Talmage, en su libro “Jesús el Cristo”, escribió: “…esa noche se cumplieron las palabras del profeta, pues aunque el sol se puso de acuerdo con su movimiento normal, no hubo oscuridad; y a la mañana siguiente salió el sol sobre una tierra que ya estaba iluminada; un día, una noche y otro día habían sido como un solo día; y esta no fue sino una de muchas señales. Apareció una estrella nueva en el firmamento de occidente tal como la habían visto los magos en el oriente…Ninguna de las palabras de las profecías verdaderas fue vana. Cada una de las palabras se cumplió como se había escrito.”[i]

 Sigue diciendo: “El niño nació judío, la madre era judía, y José, el padre según la ley, era judío… y mientras se crió, el pueblo lo conoció como “el hijo de José”. Fue llamado Jesús que traducido significa Salvador, nombre legalmente suyo, pues vino para salvar al  pueblo de sus pecados”.[ii]

De la infancia de Jesús poco se sabe, excepto que en numerosas ocasiones los ángeles anunciaban a José cómo actuar para protegerlo de la persecución del malvado Herodes.

Según dice el Élder Talmage: “sobre su mente había descendido el velo del olvido que es común entre todos los que nacen en la tierra, velo por medio del cual se apaga el recuerdo de la existencia preterrenal…El niño recibió amplia instrucción sobre la ley y las Escrituras, por medio del estudio, la oración, la meditación y el empeño. Le fue enseñado a trabajar, porque la ociosidad era muy aborrecida en aquellos días… le era exigido aprender y seguir una carrera práctica y productiva… amó y obedeció la verdad…”[iii] “Jesús crecía en sabiduría, y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres[iv].

 

Vivió en Nazaret hasta cumplir poco más de 30 años, de allí salió a predicar, fue bautizado por Juan el Bautista, y fue tentado por el diablo en numerosas y muy duras ocasiones. Al respecto dice el Apóstol Talmage: “no nos es concedido al resto de nosotros, ni le fue concedido a Jesús, hacer frente al enemigo, combatirlo y vencerlo en un solo encuentro, de una vez por todas. La contienda entre el espíritu inmortal y la carne, entre la progenie de Dios, por una parte, y el mundo y el diablo por otra, dura toda la vida.”[v] 

Predicó su evangelio durante los tres años siguientes y a todos extendía la sencilla invitación ¡Venid y ved!. De entre las hermosas palabras que Jesús habló durante su ministerio, me encantan estas: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”[vi].

Fue hacedor de milagros, convirtió agua en vino, sanó enfermos, levantó muertos, dio de comer a cinco mil personas con cinco panes y dos peces, caminó sobre el agua, calmó tempestades…fue justo, fue pecable pero sin pecado e igualmente fue crucificado y entregó su vida solo cuando Él lo dispuso.
 

El mismo profeta que predicó las señales que anunciarían su nacimiento, profetizó lo que sucedería a su muerte. “Sí, en el momento en que entregue el espíritu, habrá truenos y relámpagos por el espacio de muchas horas y la tierra se conmoverá y temblará; y las rocas que están sobre la faz de la tierra…se harán pedazos;…y he aquí, habrá grandes tempestades;…y muchas ciudades quedarán desoladas… Y he aquí, así me ha hablado el ángel; porque me dijo que habría truenos y relámpagos por el espacio de muchas horas… y que tinieblas cubrirían la faz de toda la tierra por el espacio de tres días.” 

 
Y nuevamente se cumplió la profecía. Tinieblas tan espesas que se podían tocar con la mano cubrieron la faz de la tierra durante tres días.En la mañana del tercer día se desvanecieron las tinieblas, cesaron los movimientos sísmicos y se aplacaron las tormentas. Cristo había resucitado. Visitó a sus Apóstoles, a María Magdalena, a varios de sus discípulos. Unas semanas después visitó el continente americano, se presentó a “Sus otras ovejas”. Según Él, no estaban perdidas pues Dios siempre sabe a dónde lleva a su pueblo.  

Entre muchas de las cosas que hizo, durante su visita a las Américas, la que más me conmueve es lo que dijo a la multitud reunida, viéndolos sufrir y gemir: “He aquí, mis entrañas rebosan de compasión por vosotros”[vii]…”yo los sanaré, porque tengo compasión de vosotros; mis entrañas rebosan de misericordia”[viii]

Luego la multitud se arrodilló y Jesús gimió y lloró por su falta de fe, porque veía que no entendían lo que les predicaba y entonces también Él se arrodilló y oró por ellos, y, según palabras de Nefi: “no hay lengua que pueda hablar, ni hombre alguno que pueda escribir, ni corazón de hombre que pueda concebir tan grandes y maravillosas cosas como las que vimos y oímos que habló Jesús; y nadie se puede imaginar el gozo que llenó nuestras almas cuando lo oímos rogar por nosotros al Padre”[ix]. 

Debió ser un momento sublime. Pero como dice Nefi, no lo podemos imaginar. Terminada   la oración, exclamó gozoso: “Benditos sois a causa de vuestra fe. He aquí, ahora es completo mi gozo”, y Jesús lloró nuevamente, esta vez de felicidad. Porque ahora sí, creían en el Hijo de Dios. 

Jesucristo ha recibido muchos nombres, Rey Emanuel, el Cristo, el Mesías, el Cordero de Dios, El Hijo de Dios, Redentor, Salvador, pero el que más me gusta es Príncipe de paz.

La Primera Presidencia escribió en la Liahona de diciembre de 2003 “Príncipe de Paz que calmó la tempestad en el mar de Galilea, tienes el poder de calmar las tormentas de nuestra vida”.
 
 El profeta Gordon B. Hinckley ha dicho: “En esta época de la Navidad, en este tiempo en que se dan regalos, no olvidemos que Dios nos dio a Su Hijo y que Su Hijo dio Su vida para que cada uno de nosotros tenga el don de la vida eterna”.  

Es mi testimonio que ha calmado muchas tempestades en mi vida en estos últimos tiempos; me ha dado su paz, no como el mundo la da, sino como sólo Él puede darla. Y por eso estoy agradecida y siempre estaré en deuda. Sin dudas esta es una época muy especial del año. Se acerca la Navidad y el mundo entero vuelve su mirada sobre un pesebre en un establo, donde duerme un niño envuelto en pañales. El corazón de los hombres se vuelve como el corazón del niño, sensible, humilde y lleno de esperanzas. Cada uno de nosotros se acuerda de sus familiares, vivos y muertos, de sus amigos, de sus vecinos. Ocurren pequeños milagros: somos capaces de olvidar ofensas, o perdonar incluso a aquellos que nos han ofendido. Podemos sentir, con fuerza y sin dudar, que Jesucristo vive. Es, sin dudas una época muy especial.
 

Es mi ruego a Dios que en esta época, podamos dar a Él un pequeño gran regalo, “que muchas almas encuentren ese faro de verdad y de luz, de vida eterna que es nuestro Señor Jesucristo”. Comparto mi mensaje en su nombre. Amén.


[i] Pág.106,107 Jesús el Cristo

[ii] Pág.100 Jesús el Cristo

[iii] Pág.117,118 Jesús el Cristo

[iv] Lucas 2:52

[v] Pág.140 Jesús el Cristo

[vi] Juan 14:27

[vii] 3Nefi 17:6

[viii] 3Nefi 17:7

[ix] 3Nefi 17:14-21

Soy miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Pertenezco al barrio Santa Lucía, Estaca Las Piedras, Misión Montevideo Uruguay.

Es hermoso saber que existe un Padre Celestial que nos ama y que a pesar de nuestros errores y de nuestra imperfección somos perdonados y bendecidos con una vida eterna junto a nuestra familia.

No hay en el mundo ninguna otra iglesia que pueda enseñar las verdades que enseñamos en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Es una gran bendición saber que mientras muchos tienen hambre de sabiduría y consuelo espiritual, nosotros contamos con el hermoso Libro de Mormón y con todas las escrituras que nos proporcionan las verdades del Evangelio de Jesucristo…

El Élder Dieter Uchtdorf, del Quorum de los Doce Apóstoles ha dicho:  “Dondequiera que vivan en la tierra, y cualquiera que sea la situación en la que vivan, les testifico que el Evangelio de Jesucristo tiene el poder divino de elevarles a grandes alturas desde lo que a veces parece ser una carga o debilidad insoportables. El Señor está al tanto de sus circunstancias y sus tribulaciones.”

El Presidente Brigham Young ha dicho así: “¿Dónde está la felicidad, la verdadera felicidad? En ningún lugar sino en Dios. Al poseer el espíritu de nuestra santa religión somos felices por la mañana, felices al mediodía y felices por la tarde; porque el espíritu del amor y de la unión está en nosotros y nos regocijamos en el espíritu porque es de Dios, y nos regocijamos en Dios porque Él es quien nos da todas las cosas buenas. Todo Santo de los Últimos Días que haya experimentado el amor de Dios en su corazón después de haber recibido la remisión de sus pecados mediante el bautismo y la imposición de manos, comprende que en sí mismo abunda el gozo, la felicidad y el consuelo. Podría si fuese necesario, estar sufriendo, encontrarse en el error, en la pobreza o en la prisión, pero aún así se regocija””Hay una sola forma por la que los Santos de los Últimos Días pueden ser felices y consiste en simplemente vivir su religión, o en otras palabras, creer en cada parte del Evangelio de Jesucristo, obedecer con íntegro propósito de corazón el Evangelio de libertad, el cual en verdad nos hace libres.” 

Sabemos que somos un pueblo de convenios y promesas, y Jesucristo, quien es cabeza de esta iglesia y la dirige con amor, nos ha dado su Evangelio para que tengamos éxito. Nos ha prometido cosas tan hermosas como la siguiente:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28) “Porque los montes desaparecerán y los collados serán quitados, pero mi bondad no se apartará de ti…” (3Nefi 22:10) “y con misericordia eterna tendré compasión de ti, dice el Señor tu Redentor” (3Nefi 22:8). 

Y como si todas estas palabras no fueran suficientes también leemos: “Aprende de mí y escucha mis palabras, camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz.” (D. y C.19:23). “Ora siempre, y derramaré mi Espíritu sobre ti, y grande será tu bendición, sí, más grande que si lograras los tesoros de la tierra…”(D. y C.19:38). “He aquí, ¿puedes leer esto sin regocijarte y sin que se exalte tu corazón de alegría? (D. y C.19:39).
 

Yo se que ustedes al igual que yo se regocijan al leer estas escrituras tan alentadoras y se que vuestro corazón como el mío se exalta con palabras tan hermosas. Lean y podrán sentir cómo la sola lectura de estas escrituras es suficiente motivo para regocijarnos.Comparto este testimonio, en el sagrado nombre de nuestro Salvador y Redentor, nuestro Señor Jesucristo, Amén.

La Familia

Junio 28, 2008.

 

Mensaje sobre el Sellamiento

en el Santo Templo

 

Conocí a mi esposo hace veinte años y cuando lo vi tuve un sentimiento de paz y de serenidad que nunca había sentido. Fue como decir “aquí está la persona que estaba esperando”. Podía sentir que íbamos a estar juntos  y que sería para siempre. Aunque ese “para siempre” significaba sólo “por esta vida, mientras estuviéramos vivos físicamente”. Nos casamos. Él no era miembro de la iglesia y yo era miembro inactiva desde hacía mucho tiempo, pero tratamos de que las costumbres en nuestra familia siempre fueran buenas. Lo que no imaginábamos era que podían ser mucho mejores.

 

Años después, las cosas cambiaron mucho. Él se bautizó, bautizamos a nuestros hijos y poco a poco recordé lo que sentí cuando lo conocí. Volvió el sentimiento de que podríamos estar juntos para siempre, pero ahora, ya no sólo por esta vida, sino por la eternidad.

 

La primera vez que empezamos a prepararnos para entrar en el Santo Templo, “el adversario” nos atacó espiritualmente. Nos endureció el corazón, teníamos malos pensamientos con respecto a otros miembros de la iglesia, dejamos de tener deseos de asistir a la capilla. Con el tiempo nos dimos cuenta de que no habíamos estado alertas a sus ataques, y que debíamos estar mejor preparados para resistir. Pero nos sirvió para aprender y no volver a caer. Volvimos a las reuniones y empezamos de nuevo.

La segunda vez que comenzamos a prepararnos para el sellamiento en el templo, los ataques comenzaron de nuevo y recuerdo una frase que mi esposo pronunció. Él dijo:

-Me lo hizo una vez, no me lo hace dos.

Eso me dio la seguridad de que esta vez sí podríamos cumplir con nuestro sueño.

 

Empezamos a planear los preparativos, la ropa, el viaje de toda la familia; empezamos con las clases, etc.

Un mes antes del sellamiento mi esposo llegó a casa al mediodía de un día lunes, se tiró en la cama y no pudo volver a caminar. Tenía una hernia de disco que le impedía ponerse de pie. Los médicos hablaban de operarlo para que volviera a caminar. Todos los planes que estábamos haciendo dieron por el suelo. Y las palabras se pueden tomar literalmente porque mi esposo se arrastraba en el piso apoyado sólo sobre sus brazos. Curiosamente, la única posición en la que no sentía dolor, era de rodillas. Entonces dijo:

 

-Como el adversario no puede con mi espíritu, me ataca el cuerpo. Pero nos vamos a sellar igual, aunque sea en silla de ruedas, vamos a entrar en el templo y nuestra familia será sellada.

 

En nuestras conversaciones hablábamos de nuestras pruebas. Cada miembro de nuestra familia tuvo que demostrar hasta qué punto estábamos unidos y dispuestos a permanecer juntos aún en tiempos tan duros. Aprendimos a tener paciencia y sobre todo desarrollamos, más que nada y más que nunca, la fe.

 

En D. y C. sección 25, se manifiesta la voluntad del Señor a Emma Smith, esposa del Profeta José Smith. Dice así:

 

“Y el oficio de tu llamamiento consistirá en ser un consuelo para…tu marido, en sus tribulaciones, con palabras consoladoras, con el espíritu de mansedumbre.”

 

Y más adelante dice:

 

“Y de cierto te digo que desecharás las cosas de este mundo y buscarás las de uno mejor”.

 

Y al final de la sección, el Señor dice:

 

“Y de cierto, de cierto te digo, que ésta es mi voz a todos”.

 

Después de muchas oraciones, un hermano de la iglesia comenzó a ir a nuestra casa a prepararnos para el anhelado sellamiento. Mi esposo recibía las clases, tirado en el piso, o de rodillas. Pero, poco a poco, todo fue entrando en un perfecto orden de acontecimientos. Los problemas se fueron solucionando y finalmente el viaje salió. El 21 de marzo de este año (2008), un viernes de pascuas, con mi esposo en silla de ruedas, entramos en el Santo Templo y nuestro matrimonio y nuestros hijos, fuimos sellados “por tiempo y eternidad, por el Santo Espíritu de la Promesa”. Ese fue el día más importante de nuestra vida. Una jornada inolvidable. Al salir del templo se desató una tormenta terrible. Los hermanos y hermanas que nos habían acompañado ese día se empaparon al volver a sus hogares. Pero recuerdo haber pensado mientras volvíamos a casa:

 

-En este mundo, el adversario es el rey. Pero mi familia acaba de ser registrada para morar juntos en otro mundo. Un mundo mucho mejor. Ahora que llueva todo lo que quiera… en mi interior no habrá tormentas.

 

De más está decir que al poco tiempo mi esposo se recuperó, no fue necesaria la operación. Y de hecho camina bien de bien.

 

Para terminar deseo compartir unas hermosísimas palabras que se encuentran en el Antiguo Testamento, más precisamente en el libro de Rut. Son palabras dichas a Noemí, su suegra. Ambas habían quedado viudas y Noemí le pide a Rut que se vaya y trate de rehacer su vida en otro lugar y con otras personas. Traídas a nuestro tiempo, estas palabras bien pueden ser interpretadas como dichas de una esposa a su esposo, de un padre a un hijo, de una hija a un padre, etc. Dicen así:

 

“…No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios”. (Rut 1:16).

 

Estoy muy feliz de que el pueblo de mi esposo sea Sión, mi Sión, y de que su Dios sea mi Dios, un Padre Celestial personal y amoroso, que nos conoce en forma personal, que sabe de nuestras necesidades y nuestras debilidades y de nuestras fortalezas, que nos ama, y que desea volver a tenernos en su presencia nuevamente. Ese es también mi pueblo, y ese es -sin dudas- también mi Dios.

 

Comparto esto en el nombre de Jesucristo. Amén.

 

Templo de Montevideo-Uruguay

 SER ENSEÑABLES…                                                                               

“Hay entre nosotros muchísimos hombres y mujeres eruditos que son demasiado sabios para que se les pueda enseñar; por lo tanto, tendrán que morir en su ignorancia, y en la resurrección descubrirán su error.” 

Pte. José Smith

 

TENER ESPERANZA…

“La expectativa irreal de que debemos ser perfectos en todos nuestros hechos desde ahora mismo en realidad es un obstáculo para vivir el Evangelio y afecta negativamente nuestra espiritualidad.”

Élder Brent Top

 

SEGUIR ESFORZÁNDOSE… 

“Podemos detenernos a ver cuanto camino hemos recorrido en la empinada cuesta hacia la perfección, a menudo, es mucho más de lo que creíamos.”

Élder Neail Maxwell

 

LA VERDAD…                                                                                                

“Yo no puedo salvarlos; ustedes no pueden salvarme a mí; no podemos salvarnos unos a otros, sino únicamente al grado que podamos persuadirnos mutuamente a recibir la verdad, enseñándola. Cuando un hombre recibe la verdad, la verdad lo salvará. No se salvará simplemente porque alguien se la haya enseñado, sino porque la aceptó y procedió de acuerdo con ella.”

Pte Joseph Fielding Smith

 

 

 

 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

El cordero perdido, por Del Parson.

 

 

 

 

EL CRISTO VIVIENTE

El Testimonio de los Apóstoles
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

 
 

 

Al conmemorar el nacimiento de Jesucristo hace dos milenios, manifestamos nuestro testimonio de la realidad de Su vida incomparable y de la virtud infinita de Su gran sacrificio expiatorio. Ninguna otra persona ha ejercido una influencia tan profunda sobre todos los que han vivido y los que aún vivirán sobre la tierra.

Él fue el Gran Jehová del Antiguo Testamento y el Mesías del Nuevo Testamento. Bajo la dirección de Su Padre, Él fue el Creador de la tierra. “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3). Aun cuando fue sin pecado, fue bautizado para cumplir toda justicia. Él “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38) y, sin embargo, fue repudiado por ello. Su Evangelio fue un mensaje de paz y de buena voluntad. Él suplicó a todos que siguieran Su ejemplo. Recorrió los caminos de Palestina, sanando a los enfermos, haciendo que los ciegos vieran y levantando a los muertos. Enseñó las verdades de la eternidad, la realidad de nuestra existencia premortal, el propósito de nuestra vida en la tierra y el potencial de los hijos y de las hijas de Dios en la vida venidera.

Instituyó la Santa Cena como recordatorio de Su gran sacrificio expiatorio. Fue arrestado y condenado por acusaciones falsas, se le declaró culpable para satisfacer a la multitud y se le sentenció a morir en la cruz del Calvario. Él dio Su vida para expiar los pecados de todo el género humano. La Suya fue una gran dádiva vicaria en favor de todos los que habitarían la tierra.

Testificamos solemnemente que Su vida, que es fundamental para toda la historia de la humanidad, no comenzó en Belén ni concluyó en el Calvario. Él fue el Primogénito del Padre, el Hijo Unigénito en la carne, el Redentor del mundo.

Se levantó del sepulcro para ser las “primicias de los que durmieron” (1 Corintios 15:20). Como el Señor Resucitado, anduvo entre aquellos a los que había amado en vida. También ministró entre Sus “otras ovejas” (Juan 10:16) en la antigua América. En el mundo moderno, Él y Su Padre aparecieron al joven José Smith, iniciando así la largamente prometida “dispensación del cumplimiento de los tiempos” (Efesios 1:10).

Del Cristo Viviente, el profeta José escribió: “Sus ojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol; y su voz era como el estruendo de muchas aguas, sí, la voz de Jehová, que decía:

“Soy el primero y el último; soy el que vive, soy el que fue muerto; soy vuestro abogado ante el Padre” (D. y C. 110:3–4).

De Él, el Profeta también declaró: “Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive!

“Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre;

“que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios” (D. y C. 76:22-24).

Declaramos en palabras de solemnidad que Su sacerdocio y Su Iglesia han sido restaurados sobre la tierra, “edificados sobre el fundamento de… apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20).

Testificamos que algún día Él regresará a la tierra. “Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá” (Isaías 40:5). Él regirá como Rey de reyes y reinará como Señor de señores, y toda rodilla se doblará, y toda lengua hablará en adoración ante Él. Todos nosotros compareceremos para ser juzgados por Él según nuestras obras y los deseos de nuestro corazón.

Damos testimonio, en calidad de Sus apóstoles debidamente ordenados, de que Jesús es el Cristo Viviente, el inmortal Hijo de Dios. Él es el gran Rey Emanuel, que hoy está a la diestra de Su Padre. Él es la luz, la vida y la esperanza del mundo. Su camino es el sendero que lleva a la felicidad en esta vida y a la vida eterna en el mundo venidero. Gracias sean dadas a Dios por la dádiva incomparable de Su Hijo divino.

LA PRIMERA PRESIDENCIA

 

 EL QUÓRUM DE LOS DOCE

 

 

 

 

 

 

1 de enero de 2000

 

A CRISTO CRUCIFICADO

 

No me mueve, mi Dios, para quererte

El cielo que me tienes prometido;

Ni me mueve el infierno tan temido

Para dejar, por eso, de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte

Clavado en una cruz y escarnecido;

Muéveme ver tu cuerpo tan herido;

Muéveme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

Que aunque no hubiera cielo te amara

Y aunque no hubiera infierno te temiera.

 

No tienes que me dar porque te quiera;

Pues aunque cuanto espero no esperara,

Lo mismo que te quiero te quisiera.

 

Autor Anónimo

Poema del Siglo XV

   

 Sé que las palabras que contiene fueron escritas por profetas de Dios, inspirados por Su Espíritu, para llevar a los hombres de todos los tiempos y de todas las naciones, las verdades del Evangelio de Jesucristo, para gozo de todas las almas y para su salvación a vida eterna.     Sé que los hombres y pueblos que en él se describen, son reales, que existieron de verdad, y que así como ellos eligieron un camino – para su salvación o su condena – así también nosotros tenemos la libertad de elegir – aquí y ahora – el camino que habremos de seguir.     Estoy feliz de tener entre mis manos este libro, más valioso que “todos los tesoros de la tierra”; feliz porque cuando lo leo, no puedo dejar de pensar en las palabras de nuestros profetas, admirados y gozosos de tener este magnífico libro lleno de las verdades de Dios, y saber que comparto con ellos el deleite que proviene de su atenta lectura. El profeta José Smith ha dicho:
      -“…y el que más a menudo lo lee, más se complace en él… [1]“.

    Sé que el poder sanador de Jesucristo está presente en cada una de las palabras de este maravilloso regalo que Dios nos ha hecho.
Es mi deseo que todo aquel que lea este, mi testimonio, pueda llegar a compartir también mis sentimientos, así como el gozo y la paz que hoy tiene mi alma por tener el privilegio de tener este candil en mi camino. Es mi humilde ruego, en el nombre de Jesucristo, Amén.

 

 

 

 

 

 


[1] Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith (Curso de estudio del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro, 2008-2009), pág. 69.

Soy yo; no se asusten.