Blog personal donde intentaré transmitir la fuerza de mi fe, aquella que me sostiene e impulsa a ser quien soy. Espero sirva además para contagiar la alegría del conocimiento del Evangelio de Jesucristo, las buenas nuevas de resurrección y vida eterna.

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Los números de 2011

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.600 veces en 2011. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 43 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

“Príncipe de Paz que calmó la tempestad en el mar de Galilea, tiene el poder de calmar las tormentas de nuestra vida”

“La fe firme se convierte en un ancla segura para nuestra vida. Una fe firme en un Dios personal, iluminará nuestro camino como si fuera el faro del Señor”.

“Guíense por el faro del Señor; no hay niebla lo suficientemente densa, ni noche tan oscura, ni vendaval lo bastante fuerte, ni marinero tan perdido que Su luz no pueda rescatar.”

Pte. Thomas S. Monson.

“Aprende de mí y escucha mis palabras;

camina en la mansedumbre de mi Espíritu,

y en mí tendrás paz”. D. y C 19:23

A Cristo Crucificado

No me mueve, mi Dios, para quererte
El cielo que me tienes prometido;
Ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar, por eso, de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
Clavado en una cruz y escarnecido;
Muéveme ver tu cuerpo tan herido;
Muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
Que aunque no hubiera cielo te amara
Y aunque no hubiera infierno te temiera.

No tienes que me dar porque te quiera;
Pues aunque cuanto espero no esperara,
Lo mismo que te quiero te quisiera.

Autor Anónimo
Poema del Siglo XV

Lo más querido sobre la faz de la tierra

Reconoced Su mano en todas las cosas…

He diseñado esta diapositiva, con ayuda de Su inspiración, deseando que todos podamos reconocer que cada cosa a nuestro alrededor da testimonio de que Dios existe, y que por medio de Su Hijo, nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, todas las cosas han sido creadas.

Los Artículos de Fe

José Smith los escribió originalmente en una carta dirigida a John Wentworth, editor del periódico Chicago Democrat, en respuesta al deseo que éste expresó de saber lo que creían los miembros de la Iglesia. Ese documento llegó a conocerse como la Carta a Wentworth, y se publicó por primera vez en el periódico de la Iglesia Times and Seasons, en marzo de 1842. El 10 de octubre de 1880, por el voto de los miembros de la Iglesia, los Artículos de Fe se aceptaron formalmente como Escritura y pasaron a formar parte de la Perla de Gran Precio, uno de los cuatro libros canónicos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Los otros tres libros son La Biblia, El Libro de Mormón y Doctrina y Convenios.

“YO SOY LA LUZ…” Juan 8:12

Mensaje sobre Jesucristo


 
Mucho se ha escrito sobre la vida de Jesucristo. Muchos profetas, tanto de oriente como de occidente, declararon por igual, que el Hijo de Dios nacería en la carne.Profetas como Lehi, Nefi, Samuel el lamanita y otros, escribieron acerca del día de su nacimiento, de su bautismo, de su ministerio, de su muerte y de su resurrección. 

Acerca de su nacimiento el Élder James Talmage, en su libro “Jesús el Cristo”, escribió: “…esa noche se cumplieron las palabras del profeta, pues aunque el sol se puso de acuerdo con su movimiento normal, no hubo oscuridad; y a la mañana siguiente salió el sol sobre una tierra que ya estaba iluminada; un día, una noche y otro día habían sido como un solo día; y esta no fue sino una de muchas señales. Apareció una estrella nueva en el firmamento de occidente tal como la habían visto los magos en el oriente…Ninguna de las palabras de las profecías verdaderas fue vana. Cada una de las palabras se cumplió como se había escrito.”[i]

 Sigue diciendo: “El niño nació judío, la madre era judía, y José, el padre según la ley, era judío… y mientras se crió, el pueblo lo conoció como “el hijo de José”. Fue llamado Jesús que traducido significa Salvador, nombre legalmente suyo, pues vino para salvar al  pueblo de sus pecados”.[ii]

De la infancia de Jesús poco se sabe, excepto que en numerosas ocasiones los ángeles anunciaban a José cómo actuar para protegerlo de la persecución del malvado Herodes.

Según dice el Élder Talmage: “sobre su mente había descendido el velo del olvido que es común entre todos los que nacen en la tierra, velo por medio del cual se apaga el recuerdo de la existencia preterrenal…El niño recibió amplia instrucción sobre la ley y las Escrituras, por medio del estudio, la oración, la meditación y el empeño. Le fue enseñado a trabajar, porque la ociosidad era muy aborrecida en aquellos días… le era exigido aprender y seguir una carrera práctica y productiva… amó y obedeció la verdad…”[iii] “Jesús crecía en sabiduría, y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres[iv].

 

Vivió en Nazaret hasta cumplir poco más de 30 años, de allí salió a predicar, fue bautizado por Juan el Bautista, y fue tentado por el diablo en numerosas y muy duras ocasiones. Al respecto dice el Apóstol Talmage: “no nos es concedido al resto de nosotros, ni le fue concedido a Jesús, hacer frente al enemigo, combatirlo y vencerlo en un solo encuentro, de una vez por todas. La contienda entre el espíritu inmortal y la carne, entre la progenie de Dios, por una parte, y el mundo y el diablo por otra, dura toda la vida.”[v] 

Predicó su evangelio durante los tres años siguientes y a todos extendía la sencilla invitación ¡Venid y ved!. De entre las hermosas palabras que Jesús habló durante su ministerio, me encantan estas: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”[vi].

Fue hacedor de milagros, convirtió agua en vino, sanó enfermos, levantó muertos, dio de comer a cinco mil personas con cinco panes y dos peces, caminó sobre el agua, calmó tempestades…fue justo, fue pecable pero sin pecado e igualmente fue crucificado y entregó su vida solo cuando Él lo dispuso.
 

El mismo profeta que predicó las señales que anunciarían su nacimiento, profetizó lo que sucedería a su muerte. “Sí, en el momento en que entregue el espíritu, habrá truenos y relámpagos por el espacio de muchas horas y la tierra se conmoverá y temblará; y las rocas que están sobre la faz de la tierra…se harán pedazos;…y he aquí, habrá grandes tempestades;…y muchas ciudades quedarán desoladas… Y he aquí, así me ha hablado el ángel; porque me dijo que habría truenos y relámpagos por el espacio de muchas horas… y que tinieblas cubrirían la faz de toda la tierra por el espacio de tres días.” 

 
Y nuevamente se cumplió la profecía. Tinieblas tan espesas que se podían tocar con la mano cubrieron la faz de la tierra durante tres días.En la mañana del tercer día se desvanecieron las tinieblas, cesaron los movimientos sísmicos y se aplacaron las tormentas. Cristo había resucitado. Visitó a sus Apóstoles, a María Magdalena, a varios de sus discípulos. Unas semanas después visitó el continente americano, se presentó a “Sus otras ovejas”. Según Él, no estaban perdidas pues Dios siempre sabe a dónde lleva a su pueblo.  

Entre muchas de las cosas que hizo, durante su visita a las Américas, la que más me conmueve es lo que dijo a la multitud reunida, viéndolos sufrir y gemir: “He aquí, mis entrañas rebosan de compasión por vosotros”[vii]…”yo los sanaré, porque tengo compasión de vosotros; mis entrañas rebosan de misericordia”[viii]

Luego la multitud se arrodilló y Jesús gimió y lloró por su falta de fe, porque veía que no entendían lo que les predicaba y entonces también Él se arrodilló y oró por ellos, y, según palabras de Nefi: “no hay lengua que pueda hablar, ni hombre alguno que pueda escribir, ni corazón de hombre que pueda concebir tan grandes y maravillosas cosas como las que vimos y oímos que habló Jesús; y nadie se puede imaginar el gozo que llenó nuestras almas cuando lo oímos rogar por nosotros al Padre”[ix]. 

Debió ser un momento sublime. Pero como dice Nefi, no lo podemos imaginar. Terminada   la oración, exclamó gozoso: “Benditos sois a causa de vuestra fe. He aquí, ahora es completo mi gozo”, y Jesús lloró nuevamente, esta vez de felicidad. Porque ahora sí, creían en el Hijo de Dios. 

Jesucristo ha recibido muchos nombres, Rey Emanuel, el Cristo, el Mesías, el Cordero de Dios, El Hijo de Dios, Redentor, Salvador, pero el que más me gusta es Príncipe de paz.

La Primera Presidencia escribió en la Liahona de diciembre de 2003 “Príncipe de Paz que calmó la tempestad en el mar de Galilea, tienes el poder de calmar las tormentas de nuestra vida”.
 
 El profeta Gordon B. Hinckley ha dicho: “En esta época de la Navidad, en este tiempo en que se dan regalos, no olvidemos que Dios nos dio a Su Hijo y que Su Hijo dio Su vida para que cada uno de nosotros tenga el don de la vida eterna”.  

Es mi testimonio que ha calmado muchas tempestades en mi vida en estos últimos tiempos; me ha dado su paz, no como el mundo la da, sino como sólo Él puede darla. Y por eso estoy agradecida y siempre estaré en deuda. Sin dudas esta es una época muy especial del año. Se acerca la Navidad y el mundo entero vuelve su mirada sobre un pesebre en un establo, donde duerme un niño envuelto en pañales. El corazón de los hombres se vuelve como el corazón del niño, sensible, humilde y lleno de esperanzas. Cada uno de nosotros se acuerda de sus familiares, vivos y muertos, de sus amigos, de sus vecinos. Ocurren pequeños milagros: somos capaces de olvidar ofensas, o perdonar incluso a aquellos que nos han ofendido. Podemos sentir, con fuerza y sin dudar, que Jesucristo vive. Es, sin dudas una época muy especial.
 

Es mi ruego a Dios que en esta época, podamos dar a Él un pequeño gran regalo, “que muchas almas encuentren ese faro de verdad y de luz, de vida eterna que es nuestro Señor Jesucristo”. Comparto mi mensaje en su nombre. Amén.


[i] Pág.106,107 Jesús el Cristo

[ii] Pág.100 Jesús el Cristo

[iii] Pág.117,118 Jesús el Cristo

[iv] Lucas 2:52

[v] Pág.140 Jesús el Cristo

[vi] Juan 14:27

[vii] 3Nefi 17:6

[viii] 3Nefi 17:7

[ix] 3Nefi 17:14-21

La Familia

Junio 28, 2008.

 

Mensaje sobre el Sellamiento

en el Santo Templo

 

Conocí a mi esposo hace veinte años y cuando lo vi tuve un sentimiento de paz y de serenidad que nunca había sentido. Fue como decir “aquí está la persona que estaba esperando”. Podía sentir que íbamos a estar juntos  y que sería para siempre. Aunque ese “para siempre” significaba sólo “por esta vida, mientras estuviéramos vivos físicamente”. Nos casamos. Él no era miembro de la iglesia y yo era miembro inactiva desde hacía mucho tiempo, pero tratamos de que las costumbres en nuestra familia siempre fueran buenas. Lo que no imaginábamos era que podían ser mucho mejores.

 

Años después, las cosas cambiaron mucho. Él se bautizó, bautizamos a nuestros hijos y poco a poco recordé lo que sentí cuando lo conocí. Volvió el sentimiento de que podríamos estar juntos para siempre, pero ahora, ya no sólo por esta vida, sino por la eternidad.

 

La primera vez que empezamos a prepararnos para entrar en el Santo Templo, “el adversario” nos atacó espiritualmente. Nos endureció el corazón, teníamos malos pensamientos con respecto a otros miembros de la iglesia, dejamos de tener deseos de asistir a la capilla. Con el tiempo nos dimos cuenta de que no habíamos estado alertas a sus ataques, y que debíamos estar mejor preparados para resistir. Pero nos sirvió para aprender y no volver a caer. Volvimos a las reuniones y empezamos de nuevo.

La segunda vez que comenzamos a prepararnos para el sellamiento en el templo, los ataques comenzaron de nuevo y recuerdo una frase que mi esposo pronunció. Él dijo:

-Me lo hizo una vez, no me lo hace dos.

Eso me dio la seguridad de que esta vez sí podríamos cumplir con nuestro sueño.

 

Empezamos a planear los preparativos, la ropa, el viaje de toda la familia; empezamos con las clases, etc.

Un mes antes del sellamiento mi esposo llegó a casa al mediodía de un día lunes, se tiró en la cama y no pudo volver a caminar. Tenía una hernia de disco que le impedía ponerse de pie. Los médicos hablaban de operarlo para que volviera a caminar. Todos los planes que estábamos haciendo dieron por el suelo. Y las palabras se pueden tomar literalmente porque mi esposo se arrastraba en el piso apoyado sólo sobre sus brazos. Curiosamente, la única posición en la que no sentía dolor, era de rodillas. Entonces dijo:

 

-Como el adversario no puede con mi espíritu, me ataca el cuerpo. Pero nos vamos a sellar igual, aunque sea en silla de ruedas, vamos a entrar en el templo y nuestra familia será sellada.

 

En nuestras conversaciones hablábamos de nuestras pruebas. Cada miembro de nuestra familia tuvo que demostrar hasta qué punto estábamos unidos y dispuestos a permanecer juntos aún en tiempos tan duros. Aprendimos a tener paciencia y sobre todo desarrollamos, más que nada y más que nunca, la fe.

 

En D. y C. sección 25, se manifiesta la voluntad del Señor a Emma Smith, esposa del Profeta José Smith. Dice así:

 

“Y el oficio de tu llamamiento consistirá en ser un consuelo para…tu marido, en sus tribulaciones, con palabras consoladoras, con el espíritu de mansedumbre.”

 

Y más adelante dice:

 

“Y de cierto te digo que desecharás las cosas de este mundo y buscarás las de uno mejor”.

 

Y al final de la sección, el Señor dice:

 

“Y de cierto, de cierto te digo, que ésta es mi voz a todos”.

 

Después de muchas oraciones, un hermano de la iglesia comenzó a ir a nuestra casa a prepararnos para el anhelado sellamiento. Mi esposo recibía las clases, tirado en el piso, o de rodillas. Pero, poco a poco, todo fue entrando en un perfecto orden de acontecimientos. Los problemas se fueron solucionando y finalmente el viaje salió. El 21 de marzo de este año (2008), un viernes de pascuas, con mi esposo en silla de ruedas, entramos en el Santo Templo y nuestro matrimonio y nuestros hijos, fuimos sellados “por tiempo y eternidad, por el Santo Espíritu de la Promesa”. Ese fue el día más importante de nuestra vida. Una jornada inolvidable. Al salir del templo se desató una tormenta terrible. Los hermanos y hermanas que nos habían acompañado ese día se empaparon al volver a sus hogares. Pero recuerdo haber pensado mientras volvíamos a casa:

 

-En este mundo, el adversario es el rey. Pero mi familia acaba de ser registrada para morar juntos en otro mundo. Un mundo mucho mejor. Ahora que llueva todo lo que quiera… en mi interior no habrá tormentas.

 

De más está decir que al poco tiempo mi esposo se recuperó, no fue necesaria la operación. Y de hecho camina bien de bien.

 

Para terminar deseo compartir unas hermosísimas palabras que se encuentran en el Antiguo Testamento, más precisamente en el libro de Rut. Son palabras dichas a Noemí, su suegra. Ambas habían quedado viudas y Noemí le pide a Rut que se vaya y trate de rehacer su vida en otro lugar y con otras personas. Traídas a nuestro tiempo, estas palabras bien pueden ser interpretadas como dichas de una esposa a su esposo, de un padre a un hijo, de una hija a un padre, etc. Dicen así:

 

“…No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios”. (Rut 1:16).

 

Estoy muy feliz de que el pueblo de mi esposo sea Sión, mi Sión, y de que su Dios sea mi Dios, un Padre Celestial personal y amoroso, que nos conoce en forma personal, que sabe de nuestras necesidades y nuestras debilidades y de nuestras fortalezas, que nos ama, y que desea volver a tenernos en su presencia nuevamente. Ese es también mi pueblo, y ese es -sin dudas- también mi Dios.

 

Comparto esto en el nombre de Jesucristo. Amén.

 

Templo de Montevideo-Uruguay

Ellos nos hablan…

 SER ENSEÑABLES…                                                                               

“Hay entre nosotros muchísimos hombres y mujeres eruditos que son demasiado sabios para que se les pueda enseñar; por lo tanto, tendrán que morir en su ignorancia, y en la resurrección descubrirán su error.” 

Pte. José Smith

 

TENER ESPERANZA…

“La expectativa irreal de que debemos ser perfectos en todos nuestros hechos desde ahora mismo en realidad es un obstáculo para vivir el Evangelio y afecta negativamente nuestra espiritualidad.”

Élder Brent Top

 

SEGUIR ESFORZÁNDOSE… 

“Podemos detenernos a ver cuanto camino hemos recorrido en la empinada cuesta hacia la perfección, a menudo, es mucho más de lo que creíamos.”

Élder Neail Maxwell

 

LA VERDAD…                                                                                                

“Yo no puedo salvarlos; ustedes no pueden salvarme a mí; no podemos salvarnos unos a otros, sino únicamente al grado que podamos persuadirnos mutuamente a recibir la verdad, enseñándola. Cuando un hombre recibe la verdad, la verdad lo salvará. No se salvará simplemente porque alguien se la haya enseñado, sino porque la aceptó y procedió de acuerdo con ella.”

Pte Joseph Fielding Smith

 

 

 

 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

El cordero perdido, por Del Parson.

 

 

El Cristo Viviente

 

 

EL CRISTO VIVIENTE

El Testimonio de los Apóstoles
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

 
 

 

Al conmemorar el nacimiento de Jesucristo hace dos milenios, manifestamos nuestro testimonio de la realidad de Su vida incomparable y de la virtud infinita de Su gran sacrificio expiatorio. Ninguna otra persona ha ejercido una influencia tan profunda sobre todos los que han vivido y los que aún vivirán sobre la tierra.

Él fue el Gran Jehová del Antiguo Testamento y el Mesías del Nuevo Testamento. Bajo la dirección de Su Padre, Él fue el Creador de la tierra. “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3). Aun cuando fue sin pecado, fue bautizado para cumplir toda justicia. Él “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38) y, sin embargo, fue repudiado por ello. Su Evangelio fue un mensaje de paz y de buena voluntad. Él suplicó a todos que siguieran Su ejemplo. Recorrió los caminos de Palestina, sanando a los enfermos, haciendo que los ciegos vieran y levantando a los muertos. Enseñó las verdades de la eternidad, la realidad de nuestra existencia premortal, el propósito de nuestra vida en la tierra y el potencial de los hijos y de las hijas de Dios en la vida venidera.

Instituyó la Santa Cena como recordatorio de Su gran sacrificio expiatorio. Fue arrestado y condenado por acusaciones falsas, se le declaró culpable para satisfacer a la multitud y se le sentenció a morir en la cruz del Calvario. Él dio Su vida para expiar los pecados de todo el género humano. La Suya fue una gran dádiva vicaria en favor de todos los que habitarían la tierra.

Testificamos solemnemente que Su vida, que es fundamental para toda la historia de la humanidad, no comenzó en Belén ni concluyó en el Calvario. Él fue el Primogénito del Padre, el Hijo Unigénito en la carne, el Redentor del mundo.

Se levantó del sepulcro para ser las “primicias de los que durmieron” (1 Corintios 15:20). Como el Señor Resucitado, anduvo entre aquellos a los que había amado en vida. También ministró entre Sus “otras ovejas” (Juan 10:16) en la antigua América. En el mundo moderno, Él y Su Padre aparecieron al joven José Smith, iniciando así la largamente prometida “dispensación del cumplimiento de los tiempos” (Efesios 1:10).

Del Cristo Viviente, el profeta José escribió: “Sus ojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol; y su voz era como el estruendo de muchas aguas, sí, la voz de Jehová, que decía:

“Soy el primero y el último; soy el que vive, soy el que fue muerto; soy vuestro abogado ante el Padre” (D. y C. 110:3–4).

De Él, el Profeta también declaró: “Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive!

“Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre;

“que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios” (D. y C. 76:22-24).

Declaramos en palabras de solemnidad que Su sacerdocio y Su Iglesia han sido restaurados sobre la tierra, “edificados sobre el fundamento de… apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20).

Testificamos que algún día Él regresará a la tierra. “Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá” (Isaías 40:5). Él regirá como Rey de reyes y reinará como Señor de señores, y toda rodilla se doblará, y toda lengua hablará en adoración ante Él. Todos nosotros compareceremos para ser juzgados por Él según nuestras obras y los deseos de nuestro corazón.

Damos testimonio, en calidad de Sus apóstoles debidamente ordenados, de que Jesús es el Cristo Viviente, el inmortal Hijo de Dios. Él es el gran Rey Emanuel, que hoy está a la diestra de Su Padre. Él es la luz, la vida y la esperanza del mundo. Su camino es el sendero que lleva a la felicidad en esta vida y a la vida eterna en el mundo venidero. Gracias sean dadas a Dios por la dádiva incomparable de Su Hijo divino.

LA PRIMERA PRESIDENCIA

 

 EL QUÓRUM DE LOS DOCE

 

 

 

 

 

 

1 de enero de 2000

 

A Cristo Crucificado

A CRISTO CRUCIFICADO

 

No me mueve, mi Dios, para quererte

El cielo que me tienes prometido;

Ni me mueve el infierno tan temido

Para dejar, por eso, de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte

Clavado en una cruz y escarnecido;

Muéveme ver tu cuerpo tan herido;

Muéveme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

Que aunque no hubiera cielo te amara

Y aunque no hubiera infierno te temiera.

 

No tienes que me dar porque te quiera;

Pues aunque cuanto espero no esperara,

Lo mismo que te quiero te quisiera.

 

Autor Anónimo

Poema del Siglo XV

UN TESORO ENTRE MIS MANOS

   

 Sé que las palabras que contiene fueron escritas por profetas de Dios, inspirados por Su Espíritu, para llevar a los hombres de todos los tiempos y de todas las naciones, las verdades del Evangelio de Jesucristo, para gozo de todas las almas y para su salvación a vida eterna.     Sé que los hombres y pueblos que en él se describen, son reales, que existieron de verdad, y que así como ellos eligieron un camino – para su salvación o su condena – así también nosotros tenemos la libertad de elegir – aquí y ahora – el camino que habremos de seguir.     Estoy feliz de tener entre mis manos este libro, más valioso que “todos los tesoros de la tierra”; feliz porque cuando lo leo, no puedo dejar de pensar en las palabras de nuestros profetas, admirados y gozosos de tener este magnífico libro lleno de las verdades de Dios, y saber que comparto con ellos el deleite que proviene de su atenta lectura. El profeta José Smith ha dicho:
      -“…y el que más a menudo lo lee, más se complace en él… [1]“.

    Sé que el poder sanador de Jesucristo está presente en cada una de las palabras de este maravilloso regalo que Dios nos ha hecho.
Es mi deseo que todo aquel que lea este, mi testimonio, pueda llegar a compartir también mis sentimientos, así como el gozo y la paz que hoy tiene mi alma por tener el privilegio de tener este candil en mi camino. Es mi humilde ruego, en el nombre de Jesucristo, Amén.

 

 

 

 

 

 


[1] Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith (Curso de estudio del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro, 2008-2009), pág. 69.