Blog personal donde intentaré transmitir la fuerza de mi fe, aquella que me sostiene e impulsa a ser quien soy. Espero sirva además para contagiar la alegría del conocimiento del Evangelio de Jesucristo, las buenas nuevas de resurrección y vida eterna.

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Nuestra principal responsabilidad

Prepararnos para

presentarnos ante Dios

Hace treinta y nueve años un misionero uruguayo y dos norteamericanos caminaban predicando puerta a puerta por las calles de Barros Blancos, hoy pueblo Gral Artigas, a cinco kilómetros de Pando. Pasaron de largo por mi casa, pero unos cuantos pasos después el uruguayo sintió que debía volver y llamar. Y no dudó un instante, volvió y llamó. Atendió mi madre, él le dejó un folleto que hablaba sobre José Smith y algunos días después volvieron y comenzaron las “charlas”. Toda mi familia aceptó bautizarse unas semanas después. La capilla de Pando funcionaba en una casona vieja y no tenía pileta bautismal, así que los bautismos se realizaban en el arroyo Pando. Mi padre, mi madre, mi hermano y mi hermana caminaron siete kilómetros y medio para ir a bautizarse. Llevaron un carrito de madera cargado de platos, comida, ropa blanca, toallas, un perrito negro, que era la mascota de la familia y a mí, que en ese entonces tenía cuatro años. No tengo muchos recuerdos de ese día, excepto que había mucha alegría alrededor, había mucha gente que no conocíamos y que luego de los bautismos se reunieron a comer todos juntos y gozaron de una hermandad y un sentimiento de fraternidad muy especial.

Hace tres años, durante el funeral de mi padre, el misionero que dejó el folleto a mi madre hacía tantos  años atrás, se presentó llevando su diario personal, y nos mostró lo que había escrito aquel día. Cómo había sentido un suave susurro del Espíritu que le hizo volver para golpear a la puerta de mi casa. Y cómo decidió obedecer y actuar. Hubiera podido hacer caso omiso de lo que sintió y todo hubiera sido distinto para mi familia y para otras personas. Pero afortunadamente, obedeció.

Un par de meses luego del fallecimiento de mi padre, mi sobrino me pidió si le regalábamos su Biblia. Antes de enviársela la revisé y encontré en las hojas de adelante que mi padre había anotado la palabra HAZLO. Lo mismo hizo en las últimas hojas, anotó la palabra HAZLO. No sabía a qué se debía, pero tiempo después estudiando las enseñanzas del Presidente Spencer W. Kimball comprendí lo que significaba. El Presidente Kimball tenía en su escritorio un letrerito que decía justamente “Hazlo”. Y ese fue el mensaje de toda su vida.  A todos enseñó que lo que más importa es el hacer.

Cuando fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, hizo cambiar la letra del himno “Soy un hijo de Dios”. El himno originalmente decía “Enséñenme lo que debo saber para que algún día yo con Él pueda vivir”. El Élder Kimball, le pidió a la autora que en lugar de la palabra “saber” dijera “hacer”. En español el himno dice “Enséñenme la senda a seguir para que algún día yo con Él pueda vivir”. Dijo el Presidente Kimball que “el saber no es suficiente: es preciso hacer. Dijo además que el Evangelio de Jesucristo es un estilo de vida y que se basa en la responsabilidad personal.

Y ¿cuál es esa responsabilidad personal?

Cuando éramos seres espirituales, Nuestro Padre Celestial nos propuso un plan y lo aceptamos. Y aún cuando carecemos del recuerdo de nuestra vida preterrenal, todos entendíamos el propósito para el cual estamos hoy aquí.

Si yo les preguntara a cada uno de ustedes si saben “para qué estamos aquí en la tierra”, seguro que me responderían que estamos aquí para progresar, para perfeccionarnos, para pulirnos, para llegar a ser como nuestro Jesucristo, nuestro maestro, etc. Sin embargo eso no es suficiente. Dice el Presidente Spencer W. Kimball que nuestra principal responsabilidad es prepararnos para presentarnos ante Dios. Debemos prepararnos para volver a estar en su presencia. Y eso implica mucho más que mejorarnos o perfeccionarnos, lo cual suena a veces ya de por sí, bastante difícil. Presentarnos ante Dios implica poder responderle cuánto hemos hecho en esta vida por nuestra familia, por nuestros hermanos, por nuestros amigos y demás familiares y por nosotros mismos. Cuánto hemos hecho, no cuánto hemos deseado hacer.

Vinimos a la tierra para algún día poder resucitar. Pero el milagro de la resurrección jamás lo podríamos realizar por nosotros mismos. Esa resurrección se ha puesto a nuestro alcance mediante el sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo, el creador de esta tierra, que llevó a cabo ese servicio incomparable para nuestro beneficio. Piensen por un momento si Jesucristo no hubiera sido obediente. ¿Qué hubiera pasado? ¿Verdad que no podemos imaginarlo? Jesucristo es el ejemplo perfecto de obediencia, sacrificio y voluntad. Y dice el Presidente Kimball que el Evangelio de Jesucristo es para nosotros como un mapa que nos marca el camino para regresar a nuestro Padre Celestial.

El Señor restauró Su reino en esta época, con todos sus dones, poderes y bendiciones. Cualquier otra religión que conozcan puede tal vez ayudarles en su progreso y proporcionarles cierto grado de paz, felicidad y bendiciones, y luego llevarlos hasta el velo y dejarlos ahí desamparados. La Iglesia de Jesucristo se encarga de ustedes de este lado del velo y, si viven sus mandamientos, los llevará a través de él como si ese velo no existiera, y los conduce a través de las eternidades hacia la exaltación”.

Todas estas promesas requieren varias cosas a saber:  el bautismo debidamente efectuado, recibir el Espíritu Santo por la imposición de manos autorizadas, los varones deben recibir la ordenación al sacerdocio de manos autorizadas, debemos ser investidos de lo alto y sellados en la casa del Señor, y se debe por supuesto llevar una vida de rectitud, limpieza, pureza y servicio. Nadie puede entrar en la vida eterna sino por la puerta correcta, a saber, Jesucristo y Sus mandamientos. Jesús perfeccionó Su vida y llegó a ser nuestro Cristo, nuestro Salvador. Pero el beneficio de la expiación no puede tener su pleno efecto en nosotros a menos que nos arrepintamos. Y pongamos manos a la obra. …El Señor no convertirá las buenas esperanzas, los deseos ni las intenciones de una persona en obras. Cada cual debe actuar, debe hacer eso por sí mismo…

Mi padre caminó 7 km para bautizarse, caminó algunos km más ser ordenado al sacerdocio, caminó un poco más para ayudar a construir una capilla y tal vez para ayudar a salvar algunas almas. Pero se detuvo, se inactivó y no caminó más. No perdió el mapa, pero no lo quiso seguir usando. Muchas cosas habrían sido diferentes si hubiera obedecido lo que él mismo escribió en su Biblia. Él fue un buen ejemplo de lo que no debemos hacer.

Me encantan las enseñanzas del presidente Kimball. Dijo:

El hombre es un dios en embrión y lleva dentro de sí la simiente de la deidad, por lo que puede si lo desea, elevarse a grandes alturas”. Lo sabemos, como sabemos tantas otras verdades acerca de nuestra naturaleza divina. Sólo falta lo esencial:  hacer. Ruego que nuestro Padre Celestial me den siempre la fuerza para hacer lo que debo para tener algún día la bendición de la vida eterna, junto a mis hijos, a mi esposo a mis seres queridos, y en especial junto a mi padre. Sé que Jesucristo vive, que puede escuchar nuestras oraciones y que siempre está dispuesto a ayudarnos a realizar todas aquellas cosas que son necesarias para alcanzar nuestro propósito divino.

Se que estas cosas son verdaderas, y las comparto en el nombre de Jesucristo, Amén.

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Ángeles del Señor

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Élder Christian Rosansky, futuro Élder Santiago Xavier, Élder Spencer Ashcraft, el día del bautismo del segundo, en la capilla del Barrio Santa Lucía. El tercero, Aschcraft, es de Alaska y por estos días debe estar sufriendo como loco el calor. Que le sirva de ejemplo, que si no se porta bien acá en la tierra, peor que este calor le espera en el infierno.

Rosansky termina su misión en Uruguay el 3 de diciembre y se vuelve a su Argentina natal. Si les hace creer que es gringo diciendo “io nou supernintendou nada” no se preocupen, a todos nos ha hecho lo mismo y todos hemos caído en el chiste.

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Élder Eric Mullis otro que también termina el 3 de diciembre y se vuelve a su país natal. Éste sí es gringo, de Indiana. Un amor, una ternura. Habla perfecto el español. Lo amamos como si fuera de la familia Ford.

¿No son lindos? Trabajan sin descanso en esta obra impresionante, el recogimiento del pueblo de Israel, y tienen tanta fe que logran bautizar gente como el “Santi”, que cuando lo vi la primera vez, pensé “a este que le va a importar nuestra religión”. Y qué bueno!, cómo me equivoqué… Ahora acompaña a los misioneros a recorrer Santa Lucía, acarreando ovejas al rebaño.

Los amamos a todos y cada vez que se van lloramos por la separación. Es lindo saber que existe gente como ellos y que puedan bendecir nuestras vidas como lo hacen. Gracias a todos!!!!

 

Soy yo; no se asusten.